Pastor’s Homily — 18th Sunday in Ordinary Time

St. Joseph Parish, Bound Brook, NJ

1 AUG 2021: 18th Sunday in Ordinary Time: John 6:24-35

I know I’ve used this expression before, but it bears repeating, especially in light of today’s Gospel: “Christianity is one beggar telling another beggar where he found bread.”  As with John’s Gospel today, this expression points to something beyond a literal meaning of bread.  We are hungry for more than just food. The expression points to a need, an urgency, sharing and satisfaction — among other things  — that we would use in our quest to feed those other hungers.

With our faith, it is good to adopt the perspective of a beggar. Too often our conversations are more like political analysts.  We stand outside the playing field, and we judge and we give opinions.  And so, we do not get nourishment, we remain hungry, and we don’t even know it.

Where do you go to ask a beggar about bread?  We can start with the conversations with our family and friends.  We can go deeper.  We can ask how their faith is going, how their prayer is, and so on.

And of course, we can go to Jesus with the urgency of a beggar. Jesus invites us to come to him in trust, with our whole self, body and spirit. The food we receive at the Eucharist invites us to trust in God for our “daily bread.” Like the Jews in the desert, we are learning to trust that we will have enough bread given us for this day and each day thereafter. Jesus says again to us today, “I am the bread of life, whoever comes to me will never hunger and whoever believes in me will never thirst.”

Sé que he usado esta expresión antes, pero vale la pena repetirla, especialmente a la luz del Evangelio de hoy: “El cristianismo es un mendigo que le dice a otro mendigo dónde encontró el pan”. Al igual que con el Evangelio de Juan hoy, esta expresión apunta a algo más allá del significado literal de pan. Tenemos hambre de algo más que comida. La expresión apunta a una necesidad, una urgencia, un compartir y una satisfacción, entre otras cosas, que usaríamos en nuestra búsqueda para alimentar esos otros apetitos.

Con nuestra fe, es bueno adoptar la perspectiva de un mendigo. Con demasiada frecuencia, nuestras conversaciones se parecen más a analistas políticos. Estamos fuera del campo de juego, juzgamos y damos opiniones. Y así, no nos alimentamos, seguimos hambrientos y ni siquiera lo sabemos.

¿A dónde vas a preguntarle a un mendigo por el pan? Podemos comenzar con las conversaciones con nuestra familia y amigos. Podemos ir más profundo. Podemos preguntar cómo va su fe, cómo va su oración.

Y, por supuesto, podemos acudir a Jesús con la urgencia de un mendigo. Jesús nos invita a acercarnos a él con confianza, con todo nuestro ser, cuerpo y espíritu. La comida que recibimos en la Eucaristía nos invita a confiar en Dios para nuestro “pan de cada día”. Como los judíos en el desierto, estamos aprendiendo a confiar en que se nos dará suficiente pan para este día y todos los días a partir de entonces. Jesús nos vuelve a decir hoy: “Yo soy el pan de vida, el que a mí viene nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

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